Te levantas por la mañana y ahí está con su cabeza gacha, moviendo compulsivamente la cola y dándote los buenos días. Vas al salón, desayunas y muy majo el espera tranquilamente tumbado en el sofá a que termines y le saques a pasear.
-"¡Que majo que eres Dexter!"-
-"¡No!¡Abajo!"-
-"¡No!¡Abajo!¡No!"-
-"¡Junto Dex!¡Junto!"-
-"¡Buen chico Dex! Que bueno que eres... te ganaste correr un poco suelto por ahí..."-
Adiós.
Nada más soltarlo el obediente perro se convierte en una bala tricolor que corre con un rumbo fijo: lejos de ti.
Por fin logras engancharle y le llevas a casa, donde nada más entrar busca a Bea para saludarle y lamerle la cara.
-"¡Hola Cuchufleta!"- Le dice Bea -"¡Que bueno que eres!¿Que tal se portó?"-
-"Ye un hijo puta"- dices con los ojos inyectados en sangre.
Pasas del perro y te tumbas en el sofá y piensas en lo que deberías hacer ese día y que sabes que no vas a hacer. Ahora solo quieres olvidarte de los charcos que has pisado y en las veces que has mentado a la madre del perro.
Bea se va al curro y en ese momento Dexter se acerca con su carita de cordero degollado y se tumba a tu lado dándote unos lametones y siendo el perro perfecto. Le coges del cuello. Le miras fijamente.
-"Te odio"-
Él te mira y te pega un lametón de vaca. Acto seguido estamos los dos jugando y peleándonos en el sofá.
Bueno no me enrollo más que toca sacar al perro, a mi adorable perro cabrón.